“El que no tiene devoción, no debe rezar”
Es un refrán que enfatiza la sinceridad y la intención genuina en los actos de fe. Sugiere que realizar rituales religiosos por mera obligación o costumbre, sin un sentimiento auténtico de devoción o conexión espiritual, carece de significado y podría incluso ser hipócrita. Es un recordatorio de que la verdadera oración proviene de una intención sincera, no de una acción mecánica.
