El origen del mapa más original del mundo: ¿Por qué las esquinas de Caracas tienen nombre?
Todo comenzó con la fundación de la ciudad en 1567 por Diego de Losada. Los españoles diseñaron a Caracas como un «damero» o tablero de ajedrez: una cuadrícula perfecta de 25 manzanas con la Plaza Mayor en el centro.
En esa época colonial, las calles no tenían nombres oficiales ni numeración. Las casas tampoco tenían números en las puertas. Entonces, para poder ubicarse en una ciudad que crecía, la gente de a pie tuvo que usar su ingenio.
Si querías explicarle a alguien dónde vivías o a dónde ir, usabas lo que veías en el cruce. Si en una esquina se plantaba un árbol de cují, se convertía en la Esquina de El Cují. Si vivía el Gobernador, era la Esquina del Gobernador.
Caracas era una ciudad sumamente religiosa. Muchas esquinas tomaron el nombre de los templos, conventos o santos que estaban en el cruce (como Santa Capilla, San Jacinto o Monjas).
Esta es la razón más sabrosa. Si en un cruce ocurría un suceso insólito, una pelea, un crimen o un milagro, la esquina quedaba bautizada por el pueblo para siempre. Así nacieron leyendas como la de El Muerto o Cristo al Revés. El nombre lo imponía la misma gente a través del boca a boca.
Las querían borrar y cambiarles el nombre
A finales del siglo XIX, el presidente Antonio Guzmán Blanco intentó «modernizar» la ciudad e impuso un sistema de nomenclatura numérica y de puntos cardinales (Calle Norte, Este, etc.), dividiendo la ciudad desde la Plaza Bolívar.
¿Qué pasó? Que el caraqueño ignoró por completo el decreto. La resistencia cultural fue tan grande que las autoridades tuvieron que ceder. Por eso, hoy en día, hasta los mismos letreros oficiales de la Alcaldía reflejan el nombre de la esquina en los cruces del centro.
