"Quien hace lo que quiere, no hace lo que puede, y mucho menos lo que debe"
Este refrán es un llamado de atención a la autocomplacencia. Indica que cuando una persona se guía solo por sus impulsos o por lo que le resulta cómodo («lo que quiere»), deja de esforzarse por alcanzar su máximo potencial («lo que puede») y termina descuidando sus responsabilidades fundamentales («lo que debe»).
Este refrán es una herramienta para medir el compromiso. Hacer solo lo que nos gusta nos estanca. La excelencia no nace del gusto, sino del cumplimiento riguroso de los objetivos.
