ESQUINA DE ABANICO
En la Caracas del siglo XVIII, específicamente hacia 1770, el terreno de esta zona presentaba un desnivel particular. Para solucionar el flujo de las carretas y el agua de las lluvias, los alarifes (constructores de la época) diseñaron una calzada y una acera especial que se abría de forma radial en el cruce. Al ver el diseño, la acera tenía la silueta exacta de un abanico abierto, dándole el nombre técnico y geográfico al lugar.
Por este cruce caminaba diariamente el gran maestro Simón Rodríguez, ya que muy cerca de este sector (entre las esquinas de Abanico y Socorro) se encontraba la Escuela Pública de Primeras Letras donde él daba clases a finales del siglo XVIII, antes de convertirse en el mentor del Libertador.
Aunque la acera en forma de abanico le dio el nombre oficial, el «chisme» colonial prefería otra versión más romántica. El mito popular aseguraba que en la casona principal vivía una hermosa joven mantuana que se la pasaba en el balcón. Ella utilizaba el código secreto de su abanico (abrirlo, cerrarlo, tocarse la mejilla) para comunicarse y coquetear con sus pretendientes a escondidas de sus padres. Los caraqueños, fascinados por el drama, decían: «Vamos a pasar por la esquina del abanico».
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