“A muerto no le faltan velas, ni a borracho aguardiente”
Este refrán nos muestra una verdad de la vida cotidiana: hay cosas que, por alguna razón casi mágica o de «ley de vida», siempre aparecen cuando se necesitan para un fin específico, por más difícil que parezca la situación.
Se usa para resaltar que, ante una necesidad muy marcada o una costumbre muy arraigada, siempre aparece una solución (o un recurso) de último minuto. * En lo funerario: Por muy pobre que sea el velorio, alguien siempre llega con un paquete de velas para alumbrar al difunto.
Lo usamos cuando vemos que algo que parecía imposible de conseguir, aparece de la nada para salvar la ocasión. También se aplica con un toque de ironía para decir que «siempre hay para lo que conviene».
