Esculcar
En Venezuela, esculcar significa buscar con minuciosidad, registrar, hurgar o revisar a fondo los bolsillos, gavetas, carteras o cualquier rincón escondido para encontrar algo (a veces, algo que no deberías estar buscando).
No es simplemente mirar por encima; el que está esculcando está metiendo la mano hasta el fondo, moviendo todo y husmeando con extrema curiosidad.
La usamos con sospecha clásica: «¿Qué haces tú esculcando los cajones de mi escritorio? Sal de ahí». El súper poder materno: «Mi mamá se la pasa esculcando los pantalones antes de meterlos a la lavadora a ver si dejé reales». En el negocio: «Nos tocó esculcar todo el depósito para encontrar el lote de hilos que faltaba».
Aunque suena a invento, esculcar es una palabra viejísima que viene del latín excolicare, que significaba «registrar» o «examinar».
En la España medieval, un esculca era un vigilante o un espía que se encargaba de observar los movimientos del enemigo desde las torres. Con el tiempo, el término cruzó el charco y en el Caribe dejó de ser un trabajo militar para convertirse en el acto de «revisar lo ajeno» o buscar con obsesión.
El que esculca, siempre encuentra… y no siempre lo que le gusta. Este término es primo hermano de la curiosidad, y ya sabemos lo que le pasó al gato. Una cosa es ser ordenado y revisar las cuentas o el inventario, y otra muy diferente es andar de detective esculcando carteras o teléfonos ajenos. El que vive esculcando la vida de los demás, por lo general descuida su propio corral. Así que deje la hurgadera, que el que busca lo que no debe, halla lo que no quiere.»
