“Yo no sé leer, pero me escriben”
Este refrán popular es una declaración de astucia, agudeza e ironía, utilizada por quien, a pesar de aparentar ingenuidad o falta de estudios, advierte a los demás que no es fácil de engañar. La frase encierra una ironía brillante al recurrir a la autoatenuación; la persona se rebaja voluntariamente diciendo «yo no sé leer» para desarmar al que se cree superior, pero inmediatamente le da la vuelta al tablero de forma sarcástica jugando con el sonido de las palabras, demostrando que capta las verdaderas intenciones de la gente y «lee» las situaciones con total claridad.
En el habla cotidiana, se suelta como un freno de mano humorístico para decirle en la cara al que intenta pasarse de listo que el tiro le salió por la culata, pues la sabiduría de la calle y el sentido común terminaron siendo mucho más despiertos que su trampa.
