"Engreído como el gallo de cortijo"
Este refrán describe a la perfección a las personas soberbias, presumidas y vanidosas que se creen superiores a los demás. Se aplica a quien camina con ínfulas de grandeza, mirando a todo el mundo por encima del hombro y cacareando sus logros, sin darse cuenta de que su «poder» solo existe en un espacio muy pequeño.
Aunque en el Caribe mucha gente confunde esta palabra con el famoso apellido musical, el dicho no nació por ninguna persona.
Un cortijo es una hacienda o finca de campo muy grande en España. En esos patios enormes, solía haber un solo gallo jefe. Como estaba aislado en medio de la nada y no tenía ningún otro gallo vecino que le hiciera competencia, el animal se paseaba inflado, sacando el pecho y creyendo que era el rey del mundo.
De ahí viene la comparación: se le dice «gallo de cortijo» al que se cree la gran cosa porque solo domina su pequeño patio, pero en lo que sale a la calle, se da cuenta de que hay gallos más bravos que él.
Lo usamos cuando alguien presume demasiado de un cargo, de tener un poquito de dinero o de ropa cara, para darle un «parao» al sabelotodo que no acepta consejos de nadie porque se cree el dueño de la verdad y para recordar que la verdadera grandeza camina con humildad.
