No por mucho madrugar…
Cuando la prisa se disfraza de productividad
En el mundo empresarial, pocas frases tienen tanta vigencia como el refrán “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Aunque suena sencillo, encierra una verdad muy incómoda: la velocidad no siempre genera resultados, y muchas veces, la búsqueda desesperada por “hacer más” termina causando que se haga menos, y sufriendo un desgaste innecesario.
En un entorno donde se glorifica la productividad extrema, los horarios imposibles y la presión constante por entregar, este refrán funciona como un recordatorio necesario: los procesos tienen tiempos naturales, y forzarlos solo genera desgaste.
Los procesos tienen tiempos naturales, y forzarlos sólo genera desgaste.
El falso héroe del madrugón corporativo
En muchas empresas se celebra al que llega primero, se va de último y responde mensajes a medianoche. Sin embargo, ese “madrugón” constante no siempre se traduce en eficiencia real.
- Se madruga en exceso para “adelantar”, pero el equipo aún no tiene insumos.
- Se lanzan proyectos antes de estar listos.
- Se aprueban campañas a medias solo por salir del paso.
- Se presiona a los colaboradores más allá de su capacidad, esperando resultados mágicos.
¿El resultado? Más errores, más retrabajo y menos claridad.
La gestión empresarial no se trata de correr más rápido, sino de correr mejor.
El tiempo como aliado, no como enemigo
Este refrán también invita a comprender algo clave: no todos los procesos pueden acelerar su ritmo sin sacrificar calidad. La estrategia, la planificación y la toma de decisiones requieren maduración.
En ventas, por ejemplo, hay ciclos que no se pueden apurar. En operaciones, hay tiempos técnicos que deben respetarse. En producción, hay secuencias que, si se saltan, generan pérdidas.
Forzar un amanecer antes de tiempo no solo es inútil… es contraproducente.
El liderazgo que sabe esperar
Las empresas que realmente crecen son las que:
- Entienden la diferencia entre urgencia y prioridad.
- Saben esperar el momento adecuado para lanzar una idea.
- Permiten que los procesos se cumplan de forma lógica.
- Celebran el trabajo bien hecho, no el trabajo apresurado.
- Valoran las pausas como parte del rendimiento, no como pérdidas.
El líder que internaliza este refrán desarrolla una mentalidad más estratégica, menos impulsiva y más sostenible.
Reflexión final: No se trata de madrugar, sino de sincronizar
“No por mucho madrugar amanece más temprano” no es una invitación a la flojera, sino a la inteligencia operativa.
A entender que un negocio prospera cuando alinea su ritmo interno con las realidades externas, sin forzar resultados que aún no están listos para aparecer.
En otras palabras:
Trabaja con método, toma decisiones con calma, respeta los tiempos… y verás que cada amanecer llega justo cuando tiene que llegar.
Y como dice una frase popular, “No por embarazar a nueve mujeres, nace un bebe en un mes”
