La impaciencia no resuelve sufrimiento: Mantener la cabeza fría en el fragor de la producción
En el día a día de una planta, cuando una línea se para, un despacho se retrasa o un lote sale defectuoso, el ambiente se tensa. Es ahí donde surge la tentación de correr sin dirección, de presionar al equipo sin sentido o de saltarse pasos críticos. Pero como bien dice nuestro refrán: “la impaciencia no resuelve sufrimiento”. En el liderazgo industrial, la desesperación no solo no arregla el problema, sino que suele crear uno nuevo.
El costo de la prisa en la producción masiva
En los procesos de manufactura, todo está encadenado. La impaciencia de un líder puede romper esa cadena de tres formas peligrosas:
- Atajos que salen caros: Por querer recuperar el tiempo perdido, se omiten controles de calidad o protocolos de seguridad. El resultado no es «ganar tiempo», es un lote rechazado o, peor aún, un accidente laboral.
- El «Efecto Nerviosismo» en el equipo: Un jefe impaciente transmite ansiedad a sus operadores. Un operario ansioso comete errores manuales, interpreta mal las lecturas de las máquinas y pierde la capacidad de análisis.
- Decisiones de «pañitos calientes»: La impaciencia nos hace atacar el síntoma y no la causa raíz. Arreglamos la máquina para que arranque ya, sin entender por qué se trancó, garantizando que se vuelva a parar en una hora.
El Líder como regulador de presión
El #LiderazgoCriollo efectivo entiende que su rol en momentos de crisis es ser el ancla, no el motor del caos.
- Respetar los tiempos del proceso: Así como el pan necesita su tiempo de horno, un cambio de formato en una máquina tiene un tiempo técnico. Forzarlo solo garantiza un mal ajuste.
- Templanza bajo fuego: La madurez de un líder se mide en su capacidad de mantener la calma cuando los indicadores están en rojo. La impaciencia es una fuga de energía; la serenidad es una herramienta de diagnóstico.
- Gestión de expectativas: Parte de liderar es saber comunicar a los niveles superiores que «apurar» el proceso no es una opción viable si se quiere un producto de calidad.
Reflexión final
En la industria, el tiempo es dinero, eso nadie lo duda. Pero el tiempo perdido por impaciencia es dinero tirado a la basura. Un líder que se desespera es un líder que pierde la visión del conjunto.
Cuando la presión suba y sientas que el desespero te gana, respira hondo y recuerda: por más que grites, la máquina no va a girar más rápido, ni el proveedor va a llegar antes. Enfócate en la solución, no en la angustia. Al final del día, muchos quieren el resultado rápido, pero pocos aguantan el proceso con temple.
– Don Refrán
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