Esquina de Animas
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Ubicada en pleno centro de la ciudad, en la parroquia Catedral, la Esquina de Ánimas evoca una de las leyendas urbanas más escalofriantes de la Caracas colonial.
Su nombre se debe a los estremecedores sucesos que ocurrieron a finales del siglo XVIII. Según las crónicas de la época, durante las noches más oscuras, los vecinos aseguraban escuchar lamentos ahogados y ver una macabra procesión de figuras envueltas en túnicas blancas que caminaban en absoluto silencio portando velas encendidas. El terror se apoderó de la zona, haciendo que nadie se atreviera a transitar por allí después del toque de queda, convencidos de que se trataba de almas en pena o ánimas del purgatorio que vagaban buscando descanso.
Sin embargo, la realidad terminó siendo mucho más terrenal: un grupo de astutos contrabandistas utilizaba el disfraz de espectros y la puesta en escena del «cortejo de ánimas» para ahuyentar a los vecinos y a las patrullas nocturnas, logrando así mover su mercancía ilegal con total impunidad por esa calle.
Entre el susto colectivo y la picardía del hampa colonial, el lugar quedó inmortalizado para siempre bajo la denominación de Esquina de Ánimas.
Durante las épocas en que la leyenda urbana de los «fantasmas» cobró fuerza, se cuenta que muchos vecinos prominentes y transeúntes vivieron sustos memorables al cruzar por allí de noche. En el caso del Dr. Vargas, hombre guiado por el pensamiento científico y de mente metódica, la experiencia tuvo un matiz particular: enfrentó la superstición de la época con escepticismo, prefiriendo ignorar el mito colectivo sobre las «ánimas en pena» para dedicarse a atender los problemas reales de salud pública de los caraqueños.
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