"El tiempo perdido, hasta los santos lo lloran"
Este es uno de los refranes más sabios y contundentes que tenemos en nuestra cultura para recordarnos el valor real del presente. El tiempo es el único recurso en la vida que, una vez que se va, no regresa por más dinero, palancas o lamentos que tengamos.
La expresión utiliza una exageración muy gráfica: los santos, que se supone que están en el cielo en paz eterna, libres de las angustias terrenales y del sufrimiento, se sentarían a llorar de la frustración si vieran cómo nosotros, los mortales, desperdiciamos las horas en flojera, indecisiones o procrastinación.
Nos deja una lección clarísima: el tiempo es sagrado. Dejar las cosas para mañana («mañanear»), perder los días quejándonos por el pasado o no aprovechar las oportunidades cuando se presentan, nos termina dejando una factura de arrepentimiento demasiado cara. Cada minuto cuenta, así que ¡a ponerse las pilas y a moverse!
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