Poner en cintura
El origen de esta expresión se encuentra en el ámbito militar, particularmente en los ejércitos de los siglos XVIII y XIX. En esa época, la cintura tenía un valor simbólico y funcional: era el punto donde se ajustaba el cinturón o la faja militar, elemento que servía para sostener el arma, mantener la postura erguida y reflejar disciplina.
Un soldado que no estaba “bien puesto en cintura” era visto como indisciplinado, desalineado o fuera de norma. Por ello, ponerlo en cintura implicaba corregir su comportamiento y devolverlo al orden establecido por el reglamento.
Con el paso del tiempo, la expresión salió del cuartel y se integró al lenguaje popular. Hoy se utiliza en contextos familiares, laborales, empresariales y sociales para indicar que alguien debe ajustarse a reglas, procesos o límites previamente establecidos.
Algunos ejemplos comunes:
- “El jefe tuvo que poner en cintura al equipo de ventas.”
- “A ese proyecto hay que meterlo en cintura antes de que fracase.”
En la actualidad, no siempre implica castigo, sino liderazgo, orden y control responsable.
