“Nunca falta un jueves en semana santa”
Este refrán es la pura sentencia de lo inevitable. Se usa para hablar de esas personas o situaciones que aparecen siempre, sin falta, sobre todo cuando uno menos las quiere o cuando ya sabe que van a estorbar.
Se puede aplicar a ese personaje que aparece en todas las reuniones sin que lo inviten.
Ese problema o detalle que siempre surge cuando estamos ejecutando un plan, por más perfecto que parezca. También se refiere a los hechos que se repiten por pura rutina o tradición, nos guste o no.
Antiguamente, el jueves era el día en que todo el mundo aparecía en la iglesia, sí o sí. Era el día de la reunión máxima. Por eso, cuando decimos que «nunca falta un jueves», nos referimos a esa asistencia obligatoria e inevitable. Es como ese pariente que no falla a ningún velorio; está ahí porque su naturaleza se lo pide.Se dice «Jueves» y no otro día porque es el día que marca el compromiso. Si dijéramos «nunca falta un martes», pues no tendría la misma fuerza, porque el martes en esa semana es un día más del montón. Pero el jueves… ¡Ah, el jueves es el que marca la pauta!
